El Genesis.
Génesis significa “generación” u origen. El nombre nos indica que este primer libro de la Revelación contiene los misterios de la prehistoria y los comienzos del Reino de Dios sobre la tierra. Describe, en particular, la creación del universo y del hombre, la caída de los primeros padres, la corrupción general, la historia de Noé y el diluvio. Luego el autor sagrado narra la confusión de las lenguas en la torre de Babel, la separación de Abrahán de su pueblo y la historia de este patriarca y de sus descendientes: Isaac, Jacob, José, para terminar con la bendición de Jacob, su muerte y la de su hijo José. En esta sucesión de acontecimientos históricos van intercaladas las grandes promesas mesiánicas con que Dios despertaba la esperanza de los patriarcas, depositarios de la Revelación primitiva.
El Génesis comienza así:
"Al principio creó Dios el cielo y la tierra. La tierra era confusión y caos, y tinieblas cubrían la faz del abismo, mas el Espíritu de Dios se movía sobre las aguas"
Comentarios:
Al principio , es decir, cuando no existía aún nada de lo que se encierra en las palabras “cielo y tierra”. Desde antiguo se ha observado la semejanza de este pasaje con Juan 1, 1: “En el principio era el Verbo”. De ahí que algunos Padres y Teólogos sostengan que el autor sagrado se refiere aquí al Hijo por el cual todo fue hecho (Juan 1, 3). Cf. Proverbios 8, 22. A favor de esta opinión pueden alegarse otros pasajes, por ejemplo: Hebreos 1, 2; Apocalipsis 3, 14; 22, 13 y especialmente Colosenses 1, 18, donde el Apóstol llama a Cristo “el principio” y dice que “por Él fueron hechas todas las cosas, las de los cielos y las que están sobre la tierra, las visibles y las invisibles, sean dominaciones, sean principados, sean potestades. Todas las cosas fueron creadas por medio de Él y para Él (Colosenses 1, 16). Es de notar que el mismo Jesús se llama “el principio” en Juan 8, 25 (Vulgata). Creó: de la nada; no de alguna materia preexistente, como se lee en las cosmogonías paganas. El verbo hebreo ‘bará’ se usa específicamente para señalar la actividad divina y la creación ex nihilo. “Hacer una cosa cuando no existía nada, es producir de la nada, es crear en el sentido filosófico de la palabra” (Ceuppens).
“Dios”, en hebreo Elohim, es un plural que viene de Él o Eloah (=el Fuerte). Sale en el Antiguo Testamento más de 2.500 veces y tiene los siguientes significados: a) Dios, b) los falsos dioses (Éxodo 12, 12), c) los vicarios de Dios: los ángeles, príncipes, jueces (Salmo 96, 7 comparar con Hebreos 1, 6; Salmo 81, 6 comparar con Juan 10, 34; cf. I Reyes 28, 13). Elohim lleva por regla general los atributos y verbos en singular, como en este versículo (cf. También el versículo 26, lo que prueba claramente que no se trata como dicen los racionalistas, de un resto de politeísmo. Al contrario, el politeísmo es una depravación del monoteísmo primitivo, cuyas huellas se han conservado, fuera de la Biblia, hasta nuestros días, en algunos pueblos “salvajes” que viven muy retirados y sin mayor contacto con los otros. Los investigadores modernos, sobre todo la escuela antropológica del P. W. Schmidt, han descubierto en aquellos pueblos la creencia de un Dios supremo, creador de todas las cosas, muy justo y muy bueno, legislador y juez de los hombres. No hay, pues, duda, de que el politeísmo es un producto de la apostasía de la religión primitiva.
Cuando dice el versículo: “El cielo”, incluso los ángeles (cf. El pasaje de Colosenses 11, 16, citado más arriba) y “la tierra”: el orbe entero, sin excluir nada. Aquí tenemos claro que creo Dios tanto el mundo material como el espiritual.
